1. La Cuenca Alta del Río Lerma, un lugar de ensueño devastado.

diciembre 13, 2013 Sin comentarios

La Cuenca Alta del Río Lerma. Milenario lugar natural.

Un lugar valorado mundialmente

La Cuenca Alta del Río Lerma, es la parte de la Cuenca Lerma-Chapala que pertenece al Estado de México; origen e inicio del segundo sistema de ríos más largo del país, número 22 a nivel continental, y número 73 del mundo.

El río Lerma, que es también el río interior más largo del país, tiene su origen en los manantiales de Chicognahuapan, Almoloya del Río; zona natural protegida como “Área de Protección para la Flora y la Fauna”, y que junto con las lagunas de Chimaliapan y Chignahuapan, forman la zona de humedales, reconocida oficialmente como “Ciénegas de Lerma”.

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Cabe señalar que el término “Ciénegas” es completamente incorrecto e inadecuado; durante siglos se trató de un gran lago de aproximadamente de 32 mil hectáreas, al menos hasta finales del siglo XVII, según mapas cartográficos. Posteriormente debido a las transformaciones humanas, se dividió en 3 lagos, al menos hasta 1943, un año después de que empezaron los trabajos para la construcción del Sistema Cutzamala, donde la disminución del nivel de agua, los convertiría en lagunas, mismas que intentan ser degradadas a ciénagas, ante los proyectos gubernamentales de desecación de los humedales.

Lerma a finales siglo XVII

Lerma a finales siglo XVII

Las Ciénegas de Lerma, conocidas como Chignahuapan, Chimaliapan y Chiconahuapan, constituyen áreas poco profundas y con régimen lacustre cuya extensión aproximada es de 596, 2 081 y 346 ha, respectivamente. Se ubican en el curso alto del río Lerma en el Estado de México, entre las coordenadas extremas 19º 08′ 76′ y 19º 21′ 25′ de latitud Norte y los 99º 29′ 21′ y 99º 31′ 08” de longitud Este, están asentadas entre los 2 560 y los 2 580 m snm.(Zepeda, 2012)1

humedals

Una historia milenaria.

Esta zona representa también los vestigios del único lago natural que queda en los valles del centro de México, pues lagos como el de Texcoco, son artificiales, sin embargo en esta zona se mantienen vestigios naturales con miles y hasta millones de años de antigüedad.

Por otra parte ésta región era conocida por los ñhatös (otomís del Alto Lerma) como el Mexphi, mientras que los nahuas le llamaban Matlatzinco. La región se fue poblando por distintos grupos étnicos; en ese sentido, en órden cronológico se recuperan los datos históricos que describen este proceso:

ñhato

Fue habitada por la cultura Otomí desde hace más de 3 mil años; está documenta la existencia de un grupo altamente civilizado para la época denominado Ñatho. La civilización Olmeca-Otomí dominó la región hasta el 300 d.c. Viviendo una forma de vida lacustre y “apreciando todo lo que la naturaleza les daba para su supervivencia”.2

Aproximadamente entre el 900 y 1200 d.c. los Toltecas, otro grupo de otomíes, gobernaron el Valle de Toluca.

Para el año 1250, un grupo de chichimecas llegó a la región, generando gran influencia en la misma, a este grupo posteriormente se le denominó Matlatzinca.

Cuenta la leyenda que los Matlatzinca se instalaron con temor del lado poniente del gran lago, aunque se sintieron aliviados de no ser atacados por los otomíes (flechadores de pájaros), quienes ocupaban el lado oriente.

Fue en 1476 cuando los aztecas conquistaron violentamente el Valle de los Matlatzinca, sometiendo a los nativos y obligándolos a pagar tributo.

Este motivo facilitó la alianza del pueblo otomí de la región, con las tropas de Cortés, quienes llegaron al Valle de Toluca 45 años después, en 1521.

El río Lerma como se le conoce actualmente, fue denominado “Dathe Ani” por la cultura otomí, por su parte los toltecas lo llamaban “Tololotlan”, la cultura mexica lo nombró “Río Matlatzinco” y los mazahuas “Ndareje”.

Durante siglos el lago fue la única fuente de una forma de vida lacustre, para miles de personas que vivían en los alrededores de los humedales, tanto en el valle del Matlatzinco, como a lo largo de los casi 750 kilómetros de trayecto del río Lerma-Santiago.

“En el pasado apegado a la naturaleza, los habitantes de Almoloya del Río, San Mateo Atenco, Lerma, Santa Cruz Atizapán, Texcalyacac, San Antonio La Isla, la mayoría municipios que fueron poblaciones ribereñas a sus aguas participaron como “chaluperos” o remeros de canoas, como cortadores y tejedores del tule, como cazadores o simplemente pescando en las riberas y mojones de la laguna. Los habitantes, tanto viejos como las nuevas generaciones, recuerdan que se podía remar en las lagunas y alimentarse de peces, ranas, patos y distintas aves menores.”3(Trejo, 2008)

Los lugareños resaltan las imágenes que recuerdan de la laguna y la describen como hermosa y rica en recursos para los hombres. Rememoran la cantidad de animales y aves acuáticas que recolectaban: pescado blanco, ranas, atepocates, ajolotes, gallaretas, tórtolas y patos, entre otros. Los cuales eran una fuente primaria de alimentos, que en épocas de mala cosecha ayudaba a completar la dieta local. Por ello, el trabajo en la laguna fue generador de una serie de conocimientos locales sobre el arte de pescar, con fisga, el chinchorro y la red; la navegación en canoa y el reconocimiento de los lugares de la laguna, como sus numerosos manantiales, sus planchas, sus aguas profundas, sus orillas y zanjas. Qué decir de la actividad de caza y la recolección, al reconocer las distintas especies de aves y peces existentes, las diferentes maneras de pescar y cazar individualmente o en grupo.4(Trejo, 2008)

Los habitantes tenían todos los recursos necesarios para una vida sana y saludable, como concluye el estudio paleopatológico, “Salud y enfermedad en la Ciénega del Chignahuapan” (Favila Cisneros, 2008)5

ricos

“La dieta de los habitantes del sitio se constituía básicamente de la pesca, caza en el lago y de la recolección, además de productos como el maíz, frijol y chile, lo que provee de una fuente de hierro, complementada con una parte rica en proteínas derivada del consumo de carnes de ciertas especies de caza de pequeños mamíferos, quizá introducidos por intercambio con regiones del Valle de Toluca, así como también de una gran variedad de aves y patos que proporcionaba la laguna, moluscos, batracios y anfibios que componían y complementaban la alimentación, además de raíces, peces, insectos, etc., lo cual hace de esta población una sociedad con un tipo de alimentación rica y variada”6(Favila Cisneros, 2008).

El suelo también gozaba de una extraordinaria calidad y salud, “El subsuelo tiene una textura dominante de arcilla o migajón arcillo-arenoso, es muy rico en materia orgánica de origen lacustre y con residuos de raíces transformadas en humus.”7(González,2010)

El liberalismo se convirtió en la mayor amenaza, pero los pobladores resistían.

Sin embargo la tendencia liberalista de mediados del siglo XIX, buscó acelerar el proceso civilizatorio occidental proponiendo la desecación de los lagos para abrir paso a mayores zona agrícolas y ganaderas.

“El 8 de enero de 1857, los representantes de los pueblos y las haciendas crearon una Junta General para los trabajos de desecación de las lagunas de Lerma”8, sin embargo los conflictos nacionales de la época obstaculizaron el proyecto, que fue retomado en 1870 por el gobernador Riva Palacio, quien canalizó 4,665 hectáreas de tierras anegadas, con el pretexto de evitar inundaciones, y aumentar el caudal del río Lerma para utilizarlo como vía de transporte; las tierras que se lograron secar se utilizaron para impulsar la agricultura principalmente.

liberalismo

Este proyecto de desecación de las lagunas, es un antecedente importante de como se intentó convencer a los pobladores para secar la zona, además de realizarse concesiones irregulares. El contrato para el proyecto, otorgado al señor Isidoro de la Torre, pretendía que los mismos pobladores aportaran las cuotas para la desecación de las tierras, lo cual no funcionó, motivo por el cual los pobladores se opusieron al proyecto en cuanto vieron las consecuencias que se estaban generando, y las labores de desecación de las lagunas se interrumpieron.

En otras palabras los pobladores se dieron cuenta que no tenían los medios para invertir en la agricultura, y se aferraron para defender su forma de vida lacustre, la cual dominaban tras el conocimiento ancestral heredado por siglos, esto hizo fracasar los proyectos de desecación de finales del siglo XIX.

Estos primeros intentos de desecación, acentuaron solamente la determinación de los pueblos para defender las lagunas, lo cual fue más evidente todavía a comienzos del siglo XX, con las primeras afectaciones al ecosistema, producidos por el envenenamiento de la fauna y daños a los humedales provenientes principalmente de la actividad minera9, lo cual encendería las alarmas entre los habitantes.

El 5 de Septiembre de 1906, el entonces Presidente Porfirio Díaz y el empresario Gumersindo Enríquez firmaron un proyecto para la desecación de la “laguna de Lerma”, que abarcaba los distritos de Tenango y Lerma, dicho acuerdo fue posteriormente ratificado por el Congreso; estableciendo un plazo de un año para terminar los planos y mapas del proyecto, sin embargo era tal la resistencia de los pobladores, que obstaculizaron los intentos de registro topográfico que realizaban los ingenieros, además de negarse a firmar los acuerdos de consentimiento que se requerían para la construcción del proyecto.

Por este motivo, y tras una serie de extensiones del plazo inicial, solicitadas por los ingenieros, el mismo Enríquez reconoció, expresando tácitamente “que por causas ajenas a su voluntad, por la crisis que atravesaba el país y por el obstáculo que habían impuesto los colindantes de los terrenos ocupados por la laguna de Lerma, no había podido cumplir con las obligaciones del contrato. La oposición se manifestaba, tanto para el levantamiento topográfico necesario para elaborar los planos, como a cualquier obra que se pretendiera realizar.” Buscaban vencer la resistencia mediante arreglos con los propietarios y sus representantes, tratando de comprobarlo mediante cartas con las que acompañó su documentación. “Estas cartas son de su representante en la ciudad de Toluca, quien le informa que los vecinos no quieren firmar la escritura de convenio.”, contó Enríquez al dictador.

A pesar de que Díaz otorgó una nueva prórroga para la realización del proyecto, este nunca llegó a completarse, debido a la oposición de la población.

Aunque los proyectos de desecación continuaron a pesar de la caída de Díaz, en 1920 la empresa Unión de la Compañía Agrícola del Lago de Lerma SA, dirigida por el mismo Gumersindo Enríquez, intentó nuevamente la obtención de un decreto para el proyecto que pretendía canalizar agua de las lagunas hacia la Ciudad de México; algo que se logró evitar gracias al amparo y a todo un proceso legal y de presión social que realizaron los pobladores de Almoloya del Río, Santa Cruz Atizapán, San Mateo Texcalyacac, Santa María Rayón, San Lucas Tepemajalco y San Antonio la Isla; quienes demostraron que nunca se obtuvo el permiso de los pobladores para llevar a cabo el proyecto del señor Enríquez, por lo cual finalmente fue revocado definitivamente en 1925.

La tradición oral ha rescatado la visita de Álvaro Obregón a los manantiales, hacia 1924, en compañía del gobernador del Estado de México, el general Abundio Gómez; que la visita tenía el propósito de echar a andar un proyecto para llevarse el agua a la ciudad de México, decía la gente (Serrano López, 1987: 27-28). En 1925 el presidente Calles acordó decretar la veda sobre el río Lerma (Camacho, 1998: 274). Con lo que se percibe mejor la intención del Gobierno Federal de extraer agua de las lagunas. Así entonces, con fecha del 8 de octubre de 1927, se decretaría la veda de aguas del río y sus tributarios; veda ratificada en 1931 (GG No. 38, del 7 de noviembre de 1931).10(Silva)

Una decisión unilateral cambió la vida de miles de personas.

“Hacia principios de 1940, el gobernador Wenceslao Labra le decía al presidente Cárdenas: “Por las actividades desplegadas a últimas fechas por elementos técnicos del Gobierno Federal, se desprende que está por realizarse el proyecto que consiste en utilizar los diversos manantiales que dan nacimiento al Río Lerma, en la Capital de la República, mediante las obras de conducción necesarias” (AHEM, FFII, SFII, SAII, Vol. 5, Exp. 42, ff. 1). ¿ ?, ¡ !…

Lo que nos coloca ante un elemento esencial: la decisión de transportar el agua de los manantiales ya había sido tomada y no se consideró la opinión de los ciudadanos ni los habitantes de la región. Se trató, en resumidas cuentas, de una decisión centralista al amparo de un agua bajo el estatus de ‘federalizada’.11(Silva)

Por lo cual la resistencia de los pobladores fue vencida solamente con la firme determinación unilateral de la federación de construir uno de los proyectos de ingeniería más grandes de la historia: el sistema Cutzamala-Lerma; lo cual se aprobaría finalmente en 1942 bajo el mandato de Manuel Ávila Camacho; con lo cual los humedales comenzaron su más drástica fase de transformación.

Es importante señalar que los humedales funcionan también como vasos reguladores de inundaciones (Pérez–Ortiz y Valdez, 2006), además de poseer especies endémicas y nativas en riesgo, algunas de ellas de importancia estética y económica (Pérez–Ortiz y Valdez, 2006), por lo que han sido decretadas áreas de importancia para la conservación de aves (Arizmendi y Márquez, 2000), pues constituyen el hábitat prioritario de numerosos grupos residentes y migratorios.

Zona reconocida y protegida mediante decretos.

El 27 de noviembre del 2002, se publicó el decreto por el cual se reconocen como Áreas Naturales Protegidas, tan solo 3 mil 23 hectáreas de humedales; aunque actualmente son menos de mil hectáreas las que aún están cubiertas de agua. En ese sentido, de alrededor de 32 mil hectáreas que comprendían el gran lago ahora solo quedán menos de mil ha.

Las Ciénegas de Lerma, también están reconocidas a nivel estatal como “Área Natural Protegida” y “Santuario del agua y forestal subcuenca tributaria Río San Lorenzo” emitido el 12 de mayo del 2006 y “Parque Estatal Santuario del agua Ciénega de Chicognahuapan”, definido en la gaceta oficial del 15 de septiembre del 2005.

A nivel internacional también están protegidos por el convenio de Ramsar, firmado por México desde 1971, que reconoce a las Ciénegas de Lerma como “humedales de importancia internacional”; además de ser considerado por la Comisión para la Conservación Ambiental, como uno de los 150 lugares más importantes de norteamérica para su conservación (1999), y el 26o más importante de México.

Los Ciénegas de Lerma comprenden parte de los municipios de Ocoyoacac, Capulhuac, Atizapan, Almoloya del Río, Tianguistenco, Texcalyacac, Rayón, San Antonio la Isla, Calimaya, Chapultepec, Mexicalcingo, San Mateo Atenco, Lerma y Toluca.

En el capítulo 2, profundizaremos en los graves estragos causados a los humedales y la cuenca en general en los últimos 60 años.

Bibliografía parcial:

1“Análisis del cambio del uso del suelo en las ciénegas de Lerma (1973-2008) y su impacto en la vegetación acuática”,

Carmen Zepeda Gómez, Xanat Antonio Nemiga, Antonio Lot Helgueras y Delfino Madrigal Uribe, 2012.

2 El proyecto comunitario por la Ciénega de Lerma, Mindahi Crescencio.

3“Memoria colectiva: vida lacustre y reserva simbólica en el Valle de Toluca, Estado de México”,José Antonio Trejo Sánchez y Emilio Gerardo Arriaga Álvarez, 2008.

4 Ibídem

5Salud y enfermedad en la ciénega del Chignahuapan: un estudio paleopatológico del antiguo Valle de Toluca, Héctor Favila Cisneros, México, Convergencia. Revista de Ciencias Sociales, vol. 15, núm. 48, septiembre-diciembre, 2008 , pp. 51-69,Universidad Autónoma del Estado de México.

6Ibídem

7Agua para ciudades sedientas: La desecación de la zona lacustre en la zona de la Cuenca Alta del Río Lerma (México) y la conformación de nuevos paisajes, Alba González Jacóme, revista NDHIR ,p.176.

8 ibidem 177

9 “Inventarios Florísticos y Faunísticos de la Cuenca Alta del Río Lerma en el “Plan Maestro para la Restauración Ambiental de la Cuenca Alta del Río Lerma”, 2010.

10 “Agua y subordinación en la cuenca del río Lerma”, Rafael Silva A.

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